Estás por publicar una página web y llega el momento de contratar el hosting. Encontrás planes con 2, 4, 10 o 20 GB de espacio, distintas cantidades de transferencia mensual, cuentas de correo, certificados de seguridad y una larga lista de características técnicas. ¿Cómo saber cuál necesitás?
La tentación puede ser contratar el plan más grande que permita tu presupuesto, por las dudas. O, en el extremo contrario, elegir el más barato y esperar que alcance.
Después de años alojando sitios web de características muy diferentes, nuestra experiencia nos dice que ninguna de esas dos estrategias es particularmente buena. La mayoría de las páginas no necesitan grandes cantidades de recursos, pero sí necesitan los adecuados.
Veamos qué conviene tener en cuenta para elegir un hosting sin pagar de más ni quedarse corto.
Primero: ¿qué es el hosting?
Para que una página web esté disponible en Internet, sus archivos, imágenes, bases de datos y demás componentes necesitan alojarse en un servidor.
El hosting, o alojamiento web, es el servicio que proporciona ese espacio y los recursos necesarios para que el sitio funcione.
No hay que confundirlo con el dominio. El dominio es la dirección que las personas utilizan para encontrar tu página (por ejemplo, mobix.ar). El hosting es el servicio donde se aloja.
Aunque habitualmente se contratan juntos, son dos servicios diferentes. Incluso podés registrar un dominio sin tener todavía una página web.
¿Cuánto espacio necesita realmente una web?
Una de las primeras características que aparecen en cualquier plan de hosting es el espacio de almacenamiento, expresado generalmente en gigabytes (GB).
Es el espacio disponible para guardar los archivos de tu sitio, sus imágenes, las bases de datos y, si utilizás el servicio de correo del hosting, también los mensajes de tus casillas.
¿Cuántos gigabytes necesitás?
Depende del proyecto, pero quizás menos de los que imaginás.
Una web institucional de cinco o seis páginas, con información sobre una empresa, fotografías y un formulario de contacto, puede ocupar unos pocos cientos de megabytes. Un blog con cientos de publicaciones e imágenes necesitará más. Y una tienda online con miles de productos tendrá exigencias diferentes.
Pero hay algo que suele pasarse por alto: el correo electrónico también ocupa espacio.
Un ejemplo: una web pequeña con tres cuentas de correo
Imaginemos una pequeña empresa que tiene una página desarrollada en WordPress y tres direcciones de correo electrónico.
El consumo podría ser el siguiente:
- Archivos de WordPress, imágenes y base de datos: 600 MB.
- Primera cuenta de correo: 300 MB.
- Segunda cuenta de correo: 400 MB.
- Tercera cuenta de correo: 200 MB.
En total, el proyecto estaría utilizando unos 1.500 MB, es decir, aproximadamente 1,5 GB.
Un plan de 2 GB podría alojarlo, pero dejaría poco margen para seguir acumulando correos, incorporar imágenes o ampliar el sitio. Uno de 4 GB ofrecería mayor tranquilidad.
Ahora bien, si esas cuentas de correo se administraran mediante un servicio externo, la misma web podría necesitar mucho menos espacio en el hosting.
Es un ejemplo hipotético, pero permite entender por qué no conviene elegir un plan teniendo en cuenta solamente la cantidad de páginas que tendrá el sitio.
¿Y qué es la transferencia mensual?
El otro número que suele aparecer en los planes es la transferencia mensual.
Cada vez que una persona visita tu página, su navegador descarga archivos del servidor: textos, imágenes, hojas de estilo y otros elementos necesarios para mostrar el contenido.
La transferencia mensual mide la cantidad de datos que se envían y reciben durante ese período.
Podemos imaginar una web cuyas páginas transfieren, en promedio, 1 MB por visita. Si recibe 1.000 visitas al mes, podría consumir alrededor de 1 GB de transferencia solamente por esas visitas.
Por supuesto, es una simplificación: los navegadores guardan archivos en caché, no todas las visitas recorren las mismas páginas y algunos recursos pueden servirse desde otros sistemas.
Lo interesante es que el consumo de transferencia no depende solamente de cuánta gente visita tu sitio, sino también de cómo está construido.
Una web con imágenes correctamente optimizadas puede utilizar mucha menos transferencia que otra visualmente similar, pero cargada de archivos innecesariamente pesados.
Antes de pagar por un plan con más transferencia, quizás convenga revisar cuánto está consumiendo realmente tu web y si es posible optimizarla.
Hay otras cosas que importan tanto como el espacio
Un buen hosting no se define solamente por la cantidad de gigabytes que ofrece.
Hay algunas características que deberían formar parte de cualquier comparación.
Certificado SSL. Permite que la información viaje cifrada entre el navegador y el servidor, utilizando HTTPS. Hoy es un requisito básico para cualquier sitio web.
Copias de seguridad. Un problema durante una actualización, un error humano o un incidente de seguridad pueden afectar tu página. Es importante saber con qué frecuencia se realizan los backups, cuánto tiempo se conservan y cómo pueden recuperarse. También es recomendable mantener copias propias.
Correo electrónico. Si necesitás direcciones con tu dominio, verificá que estén incluidas y cuánto espacio pueden utilizar. La cantidad de cuentas disponibles no es lo mismo que el almacenamiento disponible para ellas.
Soporte técnico. Probablemente no pienses demasiado en él cuando todo funciona bien. Pero cuando surge un problema, contar con alguien que conozca el servicio y pueda orientarte puede ser mucho más valioso que disponer de unos gigabytes adicionales.
Rendimiento. La capacidad de procesamiento, la memoria y la configuración del servidor también influyen en la velocidad y estabilidad del sitio. Dos planes con igual espacio pueden ofrecer resultados muy diferentes.
Posibilidad de crecimiento. Conviene saber si podés ampliar el plan cuando lo necesites, sin tener que realizar una migración completa.
No todas las páginas necesitan el mismo hosting
A lo largo de los años trabajamos con páginas institucionales, proyectos culturales, tiendas online y plataformas educativas. Una de las cuestiones que aprendimos es que no existe un único tipo de alojamiento que funcione de la misma manera para todos.
Una web institucional o profesional generalmente puede comenzar con un plan pequeño. Si tiene pocas páginas, imágenes optimizadas y un volumen moderado de visitas, sus necesidades suelen ser bastante acotadas.
Un blog puede comenzar de la misma manera, pero su consumo crece con el tiempo. Especialmente si publica muchas fotografías, documentos u otros archivos descargables.
Una tienda online merece una evaluación más cuidadosa. Además de almacenar fotografías y datos de productos, necesita procesar búsquedas, carritos de compra, consultas a la base de datos y operaciones que pueden exigir más recursos.
Una plataforma educativa puede presentar otros desafíos. No es lo mismo una web que informa sobre cursos que un campus virtual donde cientos de estudiantes acceden a contenidos, realizan actividades y participan simultáneamente.
En estos últimos casos, quizás el problema no sea la cantidad de espacio, sino la memoria o capacidad de procesamiento disponible. Un hosting compartido puede ser suficiente para ciertos proyectos y resultar limitado para otros.
Por eso, cuando nos consultan qué plan recomendamos, la respuesta suele empezar con otra pregunta: ¿qué tipo de sitio necesitás alojar y cómo esperás que se utilice?
Algunos errores frecuentes al contratar hosting
Hay decisiones que se repiten y que conviene evitar.
Elegir el plan más grande por las dudas. Contratar recursos que nunca vas a utilizar no necesariamente mejora el funcionamiento de tu web.
Comparar solamente precios. Conviene revisar también el costo de renovación, las características incluidas y el alcance del soporte.
Olvidarse del correo electrónico. Una web pequeña puede terminar ocupando mucho espacio si las casillas acumulan miles de mensajes y archivos adjuntos.
Suponer que todas las necesidades se resuelven aumentando los gigabytes. Algunos problemas tienen que ver con el procesamiento, la memoria o la optimización del sitio, no con el almacenamiento.
Pensar que cambiar de proveedor implica rehacer la página web. En muchos casos es posible migrar los archivos, las bases de datos y las cuentas de correo sin modificar el diseño ni los contenidos.
Y si administrás varios sitios web de distintos clientes, quizás te convenga evaluar si es preferible contratar cuentas independientes o utilizar un plan de hosting reseller. Ya abordamos esa diferencia en otro artículo.
¿Qué pasa cuando mi web crece?
No es necesario contratar desde el primer día los recursos que imaginás que podrías llegar a necesitar dentro de cinco años.
Lo razonable es elegir un plan adecuado para el presente, con cierto margen de crecimiento, y revisar periódicamente su consumo.
Si el sitio aumenta su tamaño, recibe más visitas o incorpora nuevas funcionalidades, puede ser momento de ampliar el servicio.
Pero antes de hacerlo conviene mirar qué está sucediendo.
A veces encontramos cuentas de correo que llevan años acumulando adjuntos, backups antiguos guardados dentro del propio hosting o imágenes que ocupan varias veces más espacio del necesario.
En esos casos, optimizar puede ser más útil que contratar un plan superior.
¿Cómo elegir el plan adecuado?
Si tenés una web en funcionamiento, el mejor punto de partida es revisar cuánto espacio y transferencia consume actualmente. La mayoría de los paneles de hosting permiten consultar esa información.
Si todavía no tenés una página, conviene partir de algunas preguntas sencillas: qué tipo de sitio vas a publicar, cuántas imágenes o archivos tendrá, si vas a utilizar correo electrónico con tu dominio y cuánto movimiento esperás que tenga.
No necesitás conocer todas las respuestas con precisión. Un proveedor de hosting debería poder orientarte a partir de esa información.
En Mobix ofrecemos planes de hosting administrado con distintas capacidades de almacenamiento y transferencia. Todos incluyen correo electrónico, certificado SSL, copias de seguridad y soporte en español.
También podemos ayudarte a trasladar un sitio que ya está funcionando con otro proveedor.
Preferimos recomendar un plan que responda a tus necesidades actuales y que pueda ampliarse cuando haga falta, antes que proponerte contratar recursos que quizás nunca utilices.
Después de todo, el hosting debería permitirte ocuparte de tu proyecto, no convertirse en una preocupación más.